Foto: Serpaj

“Para los chicos es una demanda exigente abordar el tema de la sexualidad en las escuelas en Paraguay”

Ramón Corvalán es representante de la organización Servicio Paz y Justicia – Paraguay (Serpaj), que ha recién concluido la experiencia del Proyecto Jaikuaa de autoría juvenil para la promoción de educación en sexualidad en 20 municipios del país, en alianza con la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay y el Centro de Documentación y Estudios. En esta entrevista, Corvalán señala la importancia de abordar la educación integral de la sexualidad en las escuelas y explica el desafío de debatir e implementar una política de de educación en derechos humanos en el contexto político actual. “Allá del discurso de la crisis educativa que uno escucha no solamente en la región pero en el mundo, para el adolescente la escuela sigue siendo un espacio público de encuentro, de reconocimiento. ¿Entonces porque no abordar en este espacio esos temas que tienen que ver con sus necesidades?”

Cual fue el diagnóstico inicial que motivó una iniciativa de  educación sexual en Paraguay como este proyecto Jaikuaa?
La intención es que Paraguay cuente con una Política Nacional de Educación en Derechos Humanos y, en este proceso, veíamos que el tema de la educación sexual constituye un foco importante y estratégico por diversos indicadores como el alto porcentaje de embarazo adolescente que es propio de una sociedad que empieza un proceso de urbanización muy acelerada como es actualmente en Paraguay. Por primera vez tenemos un mayor porcentaje de la población en áreas urbanas, y una población fundamentalmente joven.

Hay una investigación reciente, que se hizo en diversos departamentos, y también da cuenta de un significativo número de casos de violencia de tipo sexual en las escuelas. Hay una serie de indicadores preocupantes que tienen que ver con la relación del adulto con el niño y el adolescente, ese límite cultural básico que tiene que ver con – “yo no puedo apropiarme del cuerpo y de la sexualidad del niño y del adolescente”  – y que, desde el lugar del docente, se vuelve como una responsabilidad mucho más compleja, y eso está como roto.

Y también porque el tema no está tratado en el proceso curricular adecuadamente y, por supuesto, no existe la perspectiva de derechos humanos en caso de que se aborde, lo que supone también que no tenemos docentes formados en esta perspectiva.

En líneas generales, ¿cuál es el balance de esta experiencia y de sus resultados?
Los resultados mostraron que es posible abordar el tema con bastante información y también muy cerca del lenguaje de los jóvenes. Que también con los adultos era posible trabajar el tema, con docentes y padres, y que era posible que esos tres se encuentren a compartir sobre el proceso. Que también era posible enfocar el tema sin clases magistrales, sino que tenía que ver con talleres y dinámicas muy cercanos al código tanto de los chicos como de los adultos y dentro de un marco de respeto a las propias creencias que podrían traer quienes participaban del taller.

El proyecto fue desarrollado tomando en cuenta a los y las jóvenes y su protagonismo. ¿Cómo participaron?
Se diseñó el proyecto en un formato que partiera de la necesidad y de las preguntas de los propios chicos y también generando situaciones que dispararon preguntas, incluso con necesidades de informaciones muy puntuales que uno no imaginaba que el adolescente iba a tener, que tienen que ver con su sexualidad, con los cambios en el cuerpo, las confusiones de deseos y de emoción. Lo que también da la idea de que para nada el tema se estaba tocando ni en el grupo familiar, menos en la escuela.

Ese fue un aprendizaje muy interesante: educación  integral de la sexualidad tiene un componente informativo importante, para responder a lo que el docente, el padre o el chico te plantean, pero fundamentalmente un punto clave del proceso tiene que ver con partir de la inquietud de la gente. El protagonismo viene cuando el chico identifica que en este espacio se hace cargo de sus dudas, que no es descalificado, no es tomado en burla, sino que hay un espacio de respeto, de protección y se suscita un proceso reflexivo con él.

¿Ellos y ellas presentaron esta demanda de que el tema se aborde en las escuelas?
En todos los grupos eso ha salido como una necesidad apremiante, exigente, de que esos temas deberían tocarse en la escuela. Allá del discurso de la crisis educativa que uno escucha no solamente en la región pero en el mundo, para el adolescente la escuela sigue siendo un espacio público de encuentro, de reconocimiento. ¿Entonces porque no abordar en este espacio esos temas que tienen que ver con sus necesidades?

¿Y cómo se percibió la recepción al tema de la diversidad sexual o la discriminación por orientación sexual o identidad de género, por ejemplo?
En líneas generales, uno encuentra más apertura entre los adolescentes respecto al tema, son más abiertos a hablar de eso quizá porque lo viven y porque tienen compañeros y compañeras en esta situación. Se puede encontrar también dificultades, resistencias, bromas, prejuicios, pero hay más posibilidad de trabajar, más apertura para conversar. Donde hay más dificultad, pero que no significa que no pueda trabajarse dentro de un proceso participativo, reflexivo y de mucho respeto es con docentes y grupos familiares. Al final de la experiencia, tanto padres como docentes que empezaran el proceso manifestando su dificultad en entender esta cuestión, dijeron que ahora están por lo menos en condición de hablar de eso.

¿Cómo está el debate sobre la implementación de la educación en derechos humanos  y de la educación sexual en las escuelas de Paraguay?
Como Serpaj, nosotros veníamos acompañando al Ministerio de Educación y Cultura hace cuatro años en un proceso de implementación del Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos [En el 2012, se formuló un Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos y, en el momento actual, se busca ampliar con propuestas de distintos actores sociales]. Precisamente el año pasado, se ha conformado una mesa interinstitucional donde nos estamos reuniendo para lanzar hasta noviembre un documento marco que podría servirnos como orientación para diseño curricular y  formación docente en el campo de la educación en derechos humanos.

Para el tema puntual de la educación integral de la sexualidad todavía hay resistencia. Nosotros venimos de un periodo de gobierno de [Fernando] Lugo donde se había iniciado un proceso para contar con un documento marco sobre esto tema. Pero después hubo, fundamentalmente en Asunción, movimientos donde casi todas las iglesias se juntaron para hacer una campaña de oposición agarrándose al argumento de que esta propuesta pedagógica en realidad apuntaba a instalar la “agenda gay” en Paraguay y que, en realidad, lo que se buscaba era legalizar el matrimonio entre homosexuales. Uno tendría que tener una lectura bastante extraña del documento para sacar ese tipo de conclusión, pero se apeló bastante a ese miedo y se logró cancelar lo que había en el proyecto. Ahora se retoma el debate, pero el tema de derechos humanos en nuestro país está en una crisis bastante particular.

Paraguay forma parte del Consejo de Derechos Humanos en Naciones Unidas, lo cual lo pone como país en un punto de mira muy delicado y es un país con deudas históricas en cuestiones de derechos humanos no resueltas, como el tema de la justicia, del acceso a la tierra, la exclusión tremenda que es la desigualdad que afecta incluso el presupuesto. El derecho a la educación es particularmente sensible a la situación en que se encuentran los demás derechos. En una sociedad que tiene problema para garantizar el derecho a la salud, al empleo, a la vivienda, al agua y a la alimentación es difícil que el derecho a la educación esté bien. Nuestro modelo económico y productivo se fundamenta básicamente en la exportación de soya y carne, que necesitan cada vez más territorio. Lo que sabemos es que ese modelo ha implicado expulsión masiva de campesinos, escuelas que se han cerrado en territorios rurales, crecimiento de la población periférica urbana.

En este contexto de dificultad, en que el Estado no garantiza los derechos básicos, hoy estamos pensando el tema de la educación en derechos humanos. Y eso es muy difícil.

Cuando aparece el tema de la sexualidad genera en nuestro medio mucho temor, y en este contexto aparece como una excusa para focalizar allí todos los miedos de una sociedad. Aun así el proyecto Jaykuaa ha mostrado que con trabajo serio, articulado y respetuoso es posible avanzar. Los chicos son críticos y necesitan más del establecimiento escolar que hoy tienen. Eso plantea a los sistemas educativos un desafío muy grande: cómo responder con dignidad a esa exigencia del derecho. Estamos en una situación difícil pero eso supone apelación al riesgo, a la creatividad de las organizaciones que trabajamos en esto.

En el tema de la educación en derechos humanos, las y los docentes tienen un rol aún más importante en las clases y en la propia convivencia escolar. ¿Cuál es el desafío actual en el campo de la formación docente en Paraguay?
En Serpaj decimos que si hay una profesionalidad que el docente debe tener hoy es de ser un profesional del derecho a la educación. Y que desde ahí pueda mirar cualquier especificidad que tenga, en las áreas de ciencias sociales o naturales, pero que su formación básica más fuerte sea la perspectiva de derechos. Esta perspectiva aún no está. El problema se vuelve más acentuado porque también las especificidades están atrasadas en el tiempo. Tuvimos en el Serpaj una investigación reciente con docentes de ciencias sociales sobre el tema de la enseñanza de la historia. En cinco departamentos del interior, hemos encontrados un retraso de más de tres décadas de docentes en cuanto al manejo de conceptos historiográficos, como contar la historia del país. Y no tenemos un diagnostico de cómo podrían estar los docentes en las otras áreas.

Tenemos un problema de formación docente y por otro lado el presupuesto histórico con que ha contado el MEC para potenciar la formación docente es muy escaso.  Tenemos un problema de no solo aumentar los recursos – para llegar al mínimo que constitucionalmente está establecido  – como hacer una reingeniería y definir las áreas que deben ser potenciadas, por ejemplo la formación y actualización de docentes, para consolidar un proceso serio y solido.

Hay en Paraguay el reconocimiento del idioma guaraní como uno de los idiomas oficiales y de la importancia de la educación bilingüe. ¿A su vez, en términos de educación intercultural, cómo se ve la implementación de educación integral de sexualidad en el país?
Pese que en lo formal hay un reconocimiento del idioma guaraní, la expresión didáctica de ese reconocimiento ha generado bastante dificultad hasta ahora. O sea, no está funcionando la manera como se está abordando la educación en lengua materna. La formación al final sigue siendo en líneas generales una perspectiva urbana, castellana.

El otro nivel es pensar la propia categoría sexualidad en la cultura guaraní y hay un trabajo realmente intercultural que aún no hemos realizado: cómo mirar y cómo conceptualizar la sexualidad. Por supuesto que nos es la misma mirada que tiene el Occidente. Pasa justamente por ese desafío de culturas diferentes que conversan para producir un discurso nuevo, que integra lo mejor de ambos códigos, que permite dar cuenta de un problema y que nos reconozcamos en la manera como se proponen soluciones a ello.

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